Servidora, que tiene el dìa un poco ....
30 de marzo de 2007
29 de marzo de 2007
Ejemplo de clase (todas son así con alguna variación)
(Esto ocurrió el lunes pasado en clase)
Descanso a mitad de clase. Se me acerca el profesor y me dice "Senti, Inés.... sai che oggi è l'anniversario della battaglia di Guadalajara?". Respondo que no, que no tenía ni idea.
Me cuenta detalles de la batalla.
Luego la cuenta a toda la clase.
Tengo que pronunciar Guadalajara delante de 70 personas.
Al día siguiente me dice (delante del mismo número de personas)....
Come si chiamava quel tizio di cui parlavamo ieri?
(cçomo se llama ese fulano del que hablamos ayer?)
......
........
.....
Rajoy, professore, Rajoy.
27 de marzo de 2007
Roma en dos tiempos
El domingo me fui con Isa (una mujer que nunca deja de ser ella misma, algo inédito en general en la humanidad) a ver la iglesia de Santa Croce in Gerosalemme. Dentro nos encontramos con una misa cantada en latín (o eso, o eran los ensayos de un coro de curas) y nos quedamos un rato. Después visitamos el museo de los instrumentos musicales (estaba vacío, y fue bien curioso; había instrumentos que nunca pensé que existiesen). Le dije que no me apetecía llegar a casa pronto, subimos a una pequeña montaña del centro de Roma, desde donde se ve la cúpula de San Pedro por una cerradura, y está la facultad de Trabajo Social de Sapienza. No lo encontramos (en realidad no encontramos nada, sólo un hotel pijo, y un par de Madonnas en las paredes).
Bajando para el Colosseo vimos una novia en la plaza del Campidoglio (dicen que trae suerte) y oímos música. Al lado de Piazza Venezia hay un concierto de “Buon Cumpleanno Europa”, nos quedamos. Actúa la orquesta de Piazza Vittorio (orquesta que reúne musicos y cantantes de todos los continentes; aquí todo el mundo les conoce, más que nada porque son representativos de esa zona de Roma, Piazza Vittorio Emmanuele, lugar de encuentro de culturas, países diversos. De hecho hicieron un documental de cierta fama sobre la orquesta). Lo mereció. En un determinado momento todo el mundo estaba bailando, jóvenes y no tan jóvenes, todos contagiados por la música, algunos bailaban la conga y todo.
Isa me dijo que siempre que está conmigo pasan cosas surrealistas. Hoy me dijo Rocío que se había barajado la actuación de Ramazzotti. Eso sí que habría sido surrealista.
Bajando para el Colosseo vimos una novia en la plaza del Campidoglio (dicen que trae suerte) y oímos música. Al lado de Piazza Venezia hay un concierto de “Buon Cumpleanno Europa”, nos quedamos. Actúa la orquesta de Piazza Vittorio (orquesta que reúne musicos y cantantes de todos los continentes; aquí todo el mundo les conoce, más que nada porque son representativos de esa zona de Roma, Piazza Vittorio Emmanuele, lugar de encuentro de culturas, países diversos. De hecho hicieron un documental de cierta fama sobre la orquesta). Lo mereció. En un determinado momento todo el mundo estaba bailando, jóvenes y no tan jóvenes, todos contagiados por la música, algunos bailaban la conga y todo.
Isa me dijo que siempre que está conmigo pasan cosas surrealistas. Hoy me dijo Rocío que se había barajado la actuación de Ramazzotti. Eso sí que habría sido surrealista.
(A continuacion el articulo de Vargas Llosa del domingo en El Pais... tengo tantas cosas que opinar sobre este articulo que no me basta una carta al director... intentare decirselo in person. Magnana intentare colgar el de Javier Rioyo, que tambien iba sobre Roma).
ROMA EN DOS TIEMPOS
Mario Vargas Llosa. El País, 25 de marzo de 2007.
La primera vez que vine a Roma estuve alojado en el monte Mario, en el Albergue de la Juventud. Ocurrió en el tórrido verano de 1959, cuando, con sólo cien dólares en el bolsillo y dos kilométricos de tercera de tren – pasajes muy económicos que permitían, durante un tiempo determinado, bajar y subir en cualquier estación -, Julia, mi esposa de entonces, y yo realizamos la proeza de recorrer cinco ciudades italianas a lo largo de un mes sin desfallecer de hambre y pasándola bastante bien.
Mario Vargas Llosa. El País, 25 de marzo de 2007.
La primera vez que vine a Roma estuve alojado en el monte Mario, en el Albergue de la Juventud. Ocurrió en el tórrido verano de 1959, cuando, con sólo cien dólares en el bolsillo y dos kilométricos de tercera de tren – pasajes muy económicos que permitían, durante un tiempo determinado, bajar y subir en cualquier estación -, Julia, mi esposa de entonces, y yo realizamos la proeza de recorrer cinco ciudades italianas a lo largo de un mes sin desfallecer de hambre y pasándola bastante bien.
El secreto estaba en caminar mucho, evitando incluso los autobuses y alojarse siempre en los Albergue de la Juventud, que, en Italia, eran más que decorosos y baratísimos, aunque había que pagar parte de la hospitalidad tendiendo camas, barriendo pisos y pelando papas. Pero el ambiente era simpático, multicultural y babélico y una fuente inagotable de informaciones útiles para el viaje. Sólo en Venecia resultó el albergue un problema más que una solución, pues, como estaba situado en la isla de la Giudecca, las idas y venidas a la ciudad en el motoscafo significaron un forado considerable en nuestro presupuesto. Los museos eran bastante caros, incluso para estudiantes, y muchos de ellos no pudimos visitarlos. Nos consolábamos con las gratuitas iglesias, pero en Roma hicimos un doble dispendio – la Capilla Sixtina y una representación de la ópera de Aída, en las termas de Caracalla, de la que, creo, sólo alcanzamos a ver, en nuestros remotos asientos, al par de elefantes que en un momento dado irrumpían espectacularmente en el escenario – por culpa del cual debimos suprimir a Sicilia del itinerario. Yo quería llegar a Palermo, a entrevistar a Danilo Dolci, un socialista cristiano que en esos años intentaba organizar a los campesinos de esa región para defenderse de las exacciones de que eran víctimas por parte de latifundistas y mafiosos. Pero como nos quedamos sin blanca debimos regresar de prisa a Madrid, en un viaje interminable de más de treinta horas, gastándonos las últimas liras en la estación de Roma en unos panecillos sin relleno y sin gracia.
Cuando les cuento estas anécdotas a mis nietas Josefina y Ariadna, a las que estoy mostrándoles las maravillas de Roma en estos días, advierto en sus ojos un escepticismo tenaz. Al principio pensé que los que les resultaba difícil de creer es que su abuelo hubiera pasado tantos apuros económicos en su primera venida a Roma, pero luego descubrí que lo que las deja totalmente incrédulas es que yo hubiera sido, alguna vez, un adolescente, uno de esos jóvenes mochileros venidos de medio mundo que nos salen al paso por todos los rincones del paisaje romano. Quién como ellos, están todavía en esa deliciosa edad en la que el flujo del tiempo no existe, cuando la vida es nada más que puro presente inmóvil.
¿Por qué, en este viaje, el recuerdo de aquella primera visita a Roma, de hace casi medio siglo, no se aparta casi de mi memoria? Debo haber venido a esta ciudad desde entonces una docena de veces por lo menos, acaso más, y es la primera vez que ese recuerdo me acompaña como mi sombra. Hasta me he soñado con aquella cena en casa de Julio Macera, la única cena digna de ese nombre – con mesa puesta, vino, servilleta y postres – que tuvimos en todo aquel mes. A lo mejor se debe a que, como en aquella primera visita, dispongo en ésta de todo mi tiempo, soy por cinco días un ser absolutamente libre, sin otra obligación que escudriñar las bellezas y fealdades de la eterna ciudad: ni conferencias, ni presentaciones de libros, ni entrevistas, ni cócteles. Esta felicidad me sobreviene tan rara vez que, pese a pasarlo tan bien sirviendo de cicerone a Josefina y Ariadna, por momentos me ataca el remordimiento y me siento abusando de la ociosidad.
Son los últimos días de un invierno de mentiras, caluroso y con sol. Bares y restaurantes han sacado sus mesas a las veredas y uno camina por las calles del centro literalmente entre pastas y pizzas, oyendo todas las lenguas del planeta. Yo recuerdo, en aquellos días calenturientos del verano romano, cómo a Julia y a mí se nos hacía la boca agua cada vez que pasábamos junto a una heladería o veíamos a los turistas, en las mesas de la calle, atragantándose con esos manjares indescriptibles, los helados italianos.
A mis nietas las historias de Rómulo y Remo, amamantados por una loba, les encantan, así como las de los mártires cristianos devorados por las fieras en el Coliseo y acribillan a los guías con preguntas sobre el particular. Pero los frescos de Miguel Ángel, Botticelli y el Perugino en la Capilla Sixtina las dejan más bien frías, aterradas como están en medio de esta muchedumbre medio asfixiada en el estrecho local a la que las palmadas constantes de los celadores, imponiendo un silencio que ellos no hacen más que romper, confunde, irrita y tiene al borde de la explosión. Para entrar a San Pedro hacemos una paciente cola de casi una hora y media, pero, adentro, resulta casi imposible ver la Pietà, de la que nos separa una espesa masa, un verdadero bosque humano compuesto, en partes iguales, por seminaristas y japoneses. Les digo que hace cincuenta años todavía era posible acercarse hasta las mismas orillas de estas estatuas y murales y quedarse allí todo el tiempo del mundo, contemplándolas.
Cuando les cuento que, aunque parezca un crimen de lesa cultura decir esto, mi mejor recuerdo de mi primera venida a Roma no fueron los museos ni las basílicas ni las ruinas, sino la invitación a cenar que nos hizo un amigo peruano, ya avecindado y casado en esta ciudad, Julio Macera, tampoco me creen, pero es la verdad. Fue una experiencia inolvidable y deliciosa comer tan bien, en un ambiente tan cálido y grato, sin tener que calcular a cuánto ascendería la cuenta.
De todas mis anécdotas de aquel viaje la que divierte más a Ariadna y Josefina es la aventura de Ostia. Hasta parece que me la creen. Ocurrió tal cual. Fuimos a conocer Ostia y después de dar un larguísimo paseo por la playa y las casas de verano, entramos al restaurante que parecía más pobrecito. Entonces, a diferencia de ahora, los restaurantes no exhibían sus menús con los precios a la entrada, para que el parroquiano supiera a qué atenerse. Cuando, ya sentados en una mesa, pedimos la carta, nos dio un patatús. Aquello era carísimo, totalmente fuera de nuestro alcance. Nos dio vergüenza levantarnos. Optamos por una fórmula ridícula: pedir sólo una ensalada para Julia y un vaso de agua para mí. El camarero nos observaba con una sonrisita burlona, perfectamente al tanto de nuestro problema, sin creer un ápice que yo no pedía nada por un asunto de salud. Al final, se apareció no con un plato, sino con una enorme fuente de ensalada, y dos cubiertos, que colocó en medio de nosotros, con un guiño entre solidario y maquiavélico. Pero lo más extraño estaba todavía por venir. Cuando le pedí la cuenta, movió negativamente la cabeza, y nos sonrió, señalando la puerta: “niente, niente”. Ariadna, que es la más pequeña, quiere que vayamos a Ostia ahora mismo, busquemos el restaurante de mi historia, indaguemos hasta dar con ese hombre magnífico, comamos allí y lo premiemos por lo que hizo con una gran propina.
Si algo ha cambiado mucho en Roma en todo este tiempo son las librerías. Sigue habiendo muchas, y hay incluso algunas, como la nueva que acaba de abrir Feltrinelli en la Galería que lleva el nombre del actor cómico Alberto Sordi, gigantescas. Pero ya son librerías sólo a medias, porque en todas las que visité, cuatro o cinco, los libros ocupaban sólo una parte de las estanterías, dedicada la otra a los vídeos y los discos, secciones que por lo general atraían un público más numeroso, y, sobre todo, más joven que el que merodeaba entre los libros. En cambio, no encontré ni una sola de esas pequeñas librerías polvorientas y familiares, que uno escarba siempre esperanzado en el hallazgo, que estoy seguro de haber descubierto siempre en mis viajes anteriores. Seguramente existen todavía, pero cada vez más pocas y más apartadas de los circuitos turísticos, empujadas hacia los márgenes y las catacumbas, al igual que en todas las otras ciudades del mundo. No lo digo de manera plañidera. Me parece muy bien que ahora las librerías sean grandes almacenes donde los libros comparten el espacio con las películas y la música, que a mí también me gustan mucho. Lo que no deja de inquietarme es que aquellos caros amigos parecen estar como a la defensiva, en una lenta retirada, conscientes de su inferioridad frente a competidores tan solicitados y poderosos.
Lo que en Roma no cambia nunca son las escalinatas de Piazza di Spagna, que no recuerdo haber visto nunca vacías, sino siempre abarrotadas de jóvenes que, de mañana, de tarde y de noche, se asolean o enfrían allí bajo el sol y las estrellas o la lluvia, contemplando el aire, los contornos ocres y dorados, en un estado de concentración hipnótico. Es un imán que atrae invenciblemente a todos los forasteros, incluidos por supuesto los italianos del interior que vienen a conocer Roma. La palabra mágica es una palabra tan usada y abusada que ya no sirve para casi nada. Pero no sé qué otra emplear para describir este extraño espectáculo que siempre me ha recibido en Roma: el de esos centenares de personas trepadas y acuñadas en las escalinatas de la plaza de Espala, mirando fijamente al frente, o al cielo, o a los adoquines de la calle, embebidas, absortas, sin duda descansando pero también divagando o sumidas en aquella vacuidad que para las religiones orientales representa la sabiduría. ¿Se concentra aquí el espíritu de la vertiginosa historia que ha vivido esta ciudad y que es eso lo que imanta a tantas muchachas y muchachos y los tiene aquí, horas de horas, en estado de inercia, aquejados de una especie de sonambulismo?. En todo caso, Josefinita y Ariadna me exigen trepar a esas gradas y sentarnos allí, nosotros también, un largo rato. No se pasa mal, en verdad, transubstanciado con las piedras romanas. Aunque no lo tengo en la memoria, es muy probable que Julia y yo lo hiciéramos aquella vez. Lo que entonces no hicimos es lo que vamos a hacer ahora, después de un largo rato de contemplación del vacío, mis nietas y yo: sentarnos en la primera terraza romana donde haya una mesa libre y empastelarnos el estómago de helados.
25 de marzo de 2007
Escribo desde la cama de colores que habito. Pongo The Cure en el reproductor y me recuerda a ti. Son las once de la noche y la mitad de la ciudad se prepara para salir, emborracharse, llenarse de vida. La otra mitad está sola delante de un ordenador que no puede pagar, y las teclas parecen alejarse entre sí, para hacer más difícil el mero hecho de juntar palabras para expresar(te), para contar(te) las cosas que van ocurriendo, todos los momentos recogidos en trozos de realidades pasadas, que restan números al tiempo que nos queda (aquí). Todo es finito. Leo un libro de un hombre que quieren medir el mar y que está recluido en una especie de hotel-psiquiátrico, al más puro estilo “Agatha Christie”. Va al mar todas las mañanas y se queda quieto, muy quieto, en la orilla, fijando con sus ojos la línea que separa el cielo del agua. Espera que en algún momento le caiga encima la clarividencia, la respuesta que busca. Dónde acaba el mar.
A menudo digo que éste es el tiemo “sprecato”, malgastado, tirado; como si no tuvieran sentido todos estos meses, todas estas vivencias, esta ciudad que se explica por sí misma, sólo con mencionarla. Como si no tuviera sentido vivir (cuando esto es vivir y nada más).También creo que otros pensarán la misma cosa, il tempo sprecato. Las personas follan con la persona equivocada y no lo saben. Y el que no folla con la persona equivocada es porque no folla. No sé si habrá una victoria tangible después, o durante. Poniéndonos realistas lo dudo. Y sin embargo, aunque suene a tópico, me conozco más. En lo bueno y en lo malo. Y las cosas no me recuerdan a ti, en realidad me recuerdan por sí mismas. Incluso me olvidé de la cara de E., yo que pensé que nunca lo haría, que nunca podría amar igual (y luego resulta que sí, y que más también – quién me lo iba a decir a mí ese día que me pasé llorando en un tren de cercanías - ), y que nunca me olvidaría de su cara ni de su sonrisa. Pero, ya ves, la gente cambia, el tiempo nos cambia y nos encontramos de frente con gente que sí viajó en esos trenes. Hace 9 años se murió una amiga mía (ella y toda su familia con ella) y recuerdo haberme prometido no olvidarme nunca de su risa. Pero el tiempo nos cambia y, aunque llevo conmigo ciertos muertos para siempre, lo hice. Me olvidé de su risa.
Los recuerdos más amados acaban por desaparecer cada vez más, y sólo nos quedan efímeras fotografías de lo que fueron, fotografías que pasan veloces por nuestra mente sin dejarnos retener un solo detalle. En eso se convierten los recuerdos.
Me gustaría hablar con L. y decirle que no ha perdido una amiga, sino que se ha ganado a sí misma (aunque ahora baste un soplido para que se ponga a llorar por la casa). Debemos ser precavidos: los hijos de puta no están en peligro de extinción. Me gustaría hablar con V. y decirle que igual ha perdido una vida pero a cambio ha ganado otra, que es la suya.
Estoy escribiendo un cuento en italiano aunque si escucho The Cure todo eso me da igual. I was looking so long these pictures of you. Habla de personas que esconden secretos que nunca conoceremos. En la película de amor dice el chico a la chica que en general se puede llegar a conocer el 50% de la otra persona, pero nunca se conocerá más allá. Sin embargo él sólo llega a conocer el 15% de esa chica. La gente se esconde. Una de las técnicas más efectivas para protegerse de los demás consiste en que sepan lo mínimo posible sobre tu persona. Por eso hay bandas que imitan a otras bandas, que a su vez imitan a otras bandas del pasado, y que además hacen playback.
Mira que es difícil. Cuando sólo es vida y nada más.
A menudo digo que éste es el tiemo “sprecato”, malgastado, tirado; como si no tuvieran sentido todos estos meses, todas estas vivencias, esta ciudad que se explica por sí misma, sólo con mencionarla. Como si no tuviera sentido vivir (cuando esto es vivir y nada más).También creo que otros pensarán la misma cosa, il tempo sprecato. Las personas follan con la persona equivocada y no lo saben. Y el que no folla con la persona equivocada es porque no folla. No sé si habrá una victoria tangible después, o durante. Poniéndonos realistas lo dudo. Y sin embargo, aunque suene a tópico, me conozco más. En lo bueno y en lo malo. Y las cosas no me recuerdan a ti, en realidad me recuerdan por sí mismas. Incluso me olvidé de la cara de E., yo que pensé que nunca lo haría, que nunca podría amar igual (y luego resulta que sí, y que más también – quién me lo iba a decir a mí ese día que me pasé llorando en un tren de cercanías - ), y que nunca me olvidaría de su cara ni de su sonrisa. Pero, ya ves, la gente cambia, el tiempo nos cambia y nos encontramos de frente con gente que sí viajó en esos trenes. Hace 9 años se murió una amiga mía (ella y toda su familia con ella) y recuerdo haberme prometido no olvidarme nunca de su risa. Pero el tiempo nos cambia y, aunque llevo conmigo ciertos muertos para siempre, lo hice. Me olvidé de su risa.
Los recuerdos más amados acaban por desaparecer cada vez más, y sólo nos quedan efímeras fotografías de lo que fueron, fotografías que pasan veloces por nuestra mente sin dejarnos retener un solo detalle. En eso se convierten los recuerdos.
Me gustaría hablar con L. y decirle que no ha perdido una amiga, sino que se ha ganado a sí misma (aunque ahora baste un soplido para que se ponga a llorar por la casa). Debemos ser precavidos: los hijos de puta no están en peligro de extinción. Me gustaría hablar con V. y decirle que igual ha perdido una vida pero a cambio ha ganado otra, que es la suya.
Estoy escribiendo un cuento en italiano aunque si escucho The Cure todo eso me da igual. I was looking so long these pictures of you. Habla de personas que esconden secretos que nunca conoceremos. En la película de amor dice el chico a la chica que en general se puede llegar a conocer el 50% de la otra persona, pero nunca se conocerá más allá. Sin embargo él sólo llega a conocer el 15% de esa chica. La gente se esconde. Una de las técnicas más efectivas para protegerse de los demás consiste en que sepan lo mínimo posible sobre tu persona. Por eso hay bandas que imitan a otras bandas, que a su vez imitan a otras bandas del pasado, y que además hacen playback.
Mira que es difícil. Cuando sólo es vida y nada más.
22 de marzo de 2007
Le fate ignorante
"Le fate ignorante" es la pelicula que vi ayer, del director turco Ozpetek (el mismo que "La finestra di fronte") y, tengo que decir, que es una pelicula con mayusculas, aunque ultimamente no este muy sensible y las pelis tristes no me lo parezcan tanto. O me parezcan todo lo contrario.
Ayer tuvimos LA BRONCA en casa. A los italianos se les va la olla, es un puto pais de locos. Cuando R. me contaba lo que habia pasado en casa (gritos, lloros e incluso amenazas de muerte) me empece a descojonar. Me dijo que era una perra y yo le dije que el ego de una nigna mimada no iba a cambiar mi humor, ni hacerme sensible.
Me he leido un par de libros de Almudena Grandes en italiano (es lo que hay) y me han encantado. Seguire leyendo todos los que encuentre hasta que caiga en mis manos el ultimo.
A cuidarse.
Ayer tuvimos LA BRONCA en casa. A los italianos se les va la olla, es un puto pais de locos. Cuando R. me contaba lo que habia pasado en casa (gritos, lloros e incluso amenazas de muerte) me empece a descojonar. Me dijo que era una perra y yo le dije que el ego de una nigna mimada no iba a cambiar mi humor, ni hacerme sensible.
Me he leido un par de libros de Almudena Grandes en italiano (es lo que hay) y me han encantado. Seguire leyendo todos los que encuentre hasta que caiga en mis manos el ultimo.
A cuidarse.
19 de marzo de 2007
Ritornando a casa
Prometo un archivo con fotos y un breve racconto del viaje. Ha sido es-pec-ta-cu-lar. Aunque creo que merecen ser destacadas dos cosas sobre todo, la hospitalidad de los eslovenos (aunque habra de todo, como en botica) y su desarrollo (que ya querriamos para nosotros en Espagna o en Italia).
Voy a presentarme al examen oficial de la universidad de Siena de italiano. Asi, estos dos meses y medio hasta el examen he de convertirme casi en nativa del idioma.
Estoy dando una asignatura que me encanta (raro en mi vida), habla de los modelos de desarrollo economico segun paises o regiones del mundo (bueno, es mas los modelos teoricos pero aun asi disfruto).
Ultimamente solo salgo por San Lorenzo, y mi coleccion de vasos de chupito va ampliandose dia a dia.
Tras el viaje a Eslovenia (con parada posterior en Milan y previa en Venezia), como no, tengo el gusanillo de hacer mas viajes, aunque ese gusanillo lo he tenido siempre. Espero que cambie algo, que se inventen los arboles que dan billetes de 50 euros o que, aunque esto es muy surrealista, que alguien se digne a llamarme despues de las tropecientas ofertas de trabajo a las que me he apuntado (esto en Espagna no pasa).
A cuidarse.
Voy a presentarme al examen oficial de la universidad de Siena de italiano. Asi, estos dos meses y medio hasta el examen he de convertirme casi en nativa del idioma.
Estoy dando una asignatura que me encanta (raro en mi vida), habla de los modelos de desarrollo economico segun paises o regiones del mundo (bueno, es mas los modelos teoricos pero aun asi disfruto).
Ultimamente solo salgo por San Lorenzo, y mi coleccion de vasos de chupito va ampliandose dia a dia.
Tras el viaje a Eslovenia (con parada posterior en Milan y previa en Venezia), como no, tengo el gusanillo de hacer mas viajes, aunque ese gusanillo lo he tenido siempre. Espero que cambie algo, que se inventen los arboles que dan billetes de 50 euros o que, aunque esto es muy surrealista, que alguien se digne a llamarme despues de las tropecientas ofertas de trabajo a las que me he apuntado (esto en Espagna no pasa).
A cuidarse.
12 de marzo de 2007
primeras paradas
Ayer me perdi en Venezia....no comments.
Estoy en Ljubiana, centro de esta semana que entra:)
A cuidarse.
9 de marzo de 2007
tiempo de silencio
Ayer me puse a dar vueltas por la habitacion. Me suele pasar cuando me pongo nerviosa y tengo que pensar mucho, doy vueltas y vueltas. A las 2 de la magnana decidi que ya habia pensado lo suficiente y me fui a dormir.
El domingo me voy de viaje. Una parte del viaje "in compagnia" y el resto "da sola". Informacion no-puntual del mismo en este blog.
El domingo me voy de viaje. Una parte del viaje "in compagnia" y el resto "da sola". Informacion no-puntual del mismo en este blog.
4 de marzo de 2007
Eclipse de luna
En la plaza de S. Lorenzo. Y con 3 chupitos de tequila, que se ve mucho mejor.
Sigo echando CV como una posesa. Este paìs funciona aun peor que Spagna.
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