30 de noviembre de 2008

Sinceramente

Sinceramente no sé qué es lo que nos perdió. Cuál fue el momento exacto, si es que lo hubo (motivos todavía me lo pregunto), en que dejamos de entendernos. Y tú te fuiste o quedaste a vivir una vida igual, y yo me fui o quedé, también para vivir lo mismo. Pero las dos más solas.

Y tú hiciste mil fotos. Yo no hice ninguna porque, sinceramente, nunca se me dio bien hacerlas. Tú creciste. A tu manera, claro. Yo crecí, a la mía. Incomparables. Injuzgables.

Yo seguí escribiendo en el mismo blog que va a cumplir tres años. Tú ibas cambiándolos. Yo dejé de escribir en todo lo demás, supongo que tú continuabas.

Mis éxitos dejaron de ser tus éxitos. Y los tuyos ya no fueron míos.

Ya no conozco tus aventuras. Las mías tienen otros protagonistas. Dejamos de compartirlas.

Hay cosas de mi pasado que ahora no me gustan. Aunque en su momento implicaron conocerte.

No hubo momento exacto, pero fue el año 2005 el que nos comenzó a separar. A mí me dolían cosas pero me callaba, porque siempre pensaba que empujando, empujando, las cosas serían como antes, que nunca se irían extinguiendo. Pero me equivoqué. Empujaba igual, sin cansarme, sin querer ver que eso que habíamos construido, tan sincero y bonito, se estaba yendo a la mierda sin remisión.

Cada vez ese apartado de "cosas que duelen" se iba haciendo más grande, en parte porque era un habitáculo frágil y muy sensible (estaba enamorada de ti), y poco a poco las fuerzas, o las ganas, se resentían, lógico y normal. Dependía de ti, y me dolía que todo se fuera al garete a pesar de ello.

Daba mucho porque mis sentimientos eran algo más, por eso el dolor era tan agudo, por eso la dependencia me mataba tan suavemente.

Luego vino Roma y más momentos importantes que sangraban.

Pero después de Roma, aún no sé cómo, todo en el fondo dejó de importarme, no fue de un día para otro, pero en general... sencillamente dejé de empujar (y me dolía, y pensaba que no lo tenía que hacer), fue algo casi inconsciente.

Echo de menos muchísimas cosas que compartíamos, un abrazo amigo cuando hacía falta, conversaciones interminables sobre lo divino y lo humano... sería una necia si no lo admitiera, que todavía no he encontrado a nadie con quien congenie igual.

Pero también sé que dejar de empujar fue una de las decisiones más valientes y acertadas que tomé en mi vida.

Ahora, mi vida es muy mediocre y normal. Como la tuya. Estoy comenzando a escribir de nuevo, aprendiendo más cosas, conociendo gente, atreviéndome a decir las cosas que pienso, a discutir por lo que creo. Ya no hay medias tintas ni iniciación ni crecimiento. Ahora soy adulta, y aunque a veces me asuste... en general me gusta.

 

23 de noviembre de 2008

En busca de la excelencia

Es el título de uno de los libros clásicos de la literatura de "management", escrito hace más de 20 años. Recuerdo que lo leí cuando comencé la carrera (junto a algunos otros que propugnaban los mismos valores, la misma insistencia en ellos).

 

Una vez conocí a un tipo cuya única obsesión era la victoria. Y hacia la victoria por la vía de la perfección. El caso es que el chico no tenía muchos amigos, pero los que tenía eran muy buenos. Porque no se andaba con chiquitas y sabía decir no. Las cosas eran como eran, y punto. Se dignificaba a sí mismo.

Otra vez, un poco antes, leí una chica que tenía un blog, y que se murió. No la conocía de nada, pero la había leído algunas veces, y me gustaba cómo escribía y sus historias, su día a día. Cuando me enteré que ya no escribiría más en su blog sólo pensaba "este es su último post" (vale, es que yo de ella sólo conocía su blog), y pensé desde ese día que se trataba, que debíamos de tratar de dignificar nuestros post.

Luego seguí pensando y llegué a la conclusión de que había que dignificar todo lo que uno hace y dignificarse en cada acto, sobre todo si era de índole literaria. Porque en la mayoría de los casos somos el primer y único lector, y hay que gustarse. En la vida y en las palabras, hay que gustarse.

Paloma me dijo el otro día que quizá dignificar tu último post era escribir lo que querías escribir, cualquier cosa que fuese, que era digno sólo por escribirlo.

De todas formas me siguen asaltando las dudas, de si en nuestra vida somos capaces de dignificarnos, cuando alrededor todo es precariedad y alienación.

Acabo de comprarme un billete de avión a Polonia. Me ha dado cosquillas en el estómago, comprarlo. Casi más que por las antologías de Machado y JR Jiménez de esta mañana.

18 de noviembre de 2008

canción del autor dramático en una noche de insomnio

soy un autor dramático. muestro lo que he visto. he visto hombres en mercados, pagando por otros hombres. he visto cómo se reúnen en habitaciones y cuartos oscuros, y se unen sus cuerpos, llenos de esperanza algunos. otros de ira o de desidio. he visto mujeres amando a mujeres en bares del centro. las he visto acariciarse, tocarse, lamerse, jurarse amor eterno (y vencerlo). he visto bodas de amantes sin amor y amantes del dinero sin tacto y sin sexo. refiero lo que veo y lo que escucho. no escucho perdones ni aliento, ni poemas, oraciones, cumplidos. escucho miserias de hombres despedidos, viajantes sin sentido en barcos que naufragan. aquellos, como yo, que escupen imágenes de lo que un día vieron, sabrán de lo que escribo. veo cantantes con sombrero matarse contra un árbol, y mujeres sin vergüenza soñar republicano. siento que todo es un drama, por más que yo lo escriba. que me esperan infinitos desalientos y operaciones financieras para engañar a bobos. y esto no es un drama, tan sólo es ignorancia. les veo, enterrados, desenroscando boina. les veo en sus lecturas, vacíos sin sentido. no veo que unamuno esté muy ocupado, tampoco veo que el mundo entero sea un bilbao más grande.
yo sólo soy un autor dramático, engaño en cada verso, finjo tres o cuatro asimetrías, locuras, polígonos, canciones, prismas y poemarios. y me creen. construyo con imágenes palabras: o al contrario. construyo con palabras imágenes de lo que veo. a eso me refiero.
ayer vi a un pobre hombre morirse en un andén de metro. llevaba un traje gris, no sonreía apenas. pasaban rápido viandantes, nerviosos, ignorantes buscando quimeras con luces de neón. el hombre se moría esperando la vida en un andén de la línea cinco. y pasaban obreros, estudiantes, casi ningún ministro, mujeres con carrito y sexo insatisfecho. nadie le vio tirado, agonizando bajo páginas y páginas de Metro.

1 de noviembre de 2008

Rino Gaetano, el héroe.

En realidad el "estrés" duró un mes. Ahora las cosas comienzan a ocupar su lugar, aunque en mi mente siempre estén bullendo ideas nuevas -positivo- y también preocupaciones, nuevas y repetidas -negativo-.
En EF las cosas marchan, marchan. Descubro que tengo dos trabajos, A y B. A es el trabajo por el que me pagan, un trabajo muy rápido, pero también muchas veces estresante y repetitivo.
Luego está trabajo B. B me gusta infinitamente más que A, pero si dejara de hacer A no me darían la posibilidad de hacer B. Con B me desarrollo y aporto ideas. Sé que además, por lo general, son ideas brillantes, ideas que pueden mejorar todos los trabajos A que hay en mi departamento.
Pero no sólo ocurre A y B en EF. También nos encontramos con que personas que deberían hacer A, no sólo no lo hacen bien (o todo lo bien que se podría hacer), sino que además no aportan nada, nada, de trabajo B.
Esas personas, descubro un año y pico después, que son las que tienen posibilidades de ascenso, de cambio, de mejora laboral.
Explicación: cuando haces trabajo A bastante bien (bien: cuando si faltas te echan de menos por la cantidad de trabajo que cubres) y además haces algo de B, te conviertes en alguien indispensable. Pero cuando haces A correctamente (cualquiera te puede suplir a la vez que hace su trabajo) pero no aportas nada de B, te conviertes en una persona que ni pincha ni corta.
Si no pinchas ni cortas en un departamento en el que es muy importante trabajar duro, cuando pides un cambio de departamento (= mejora en las condiciones laborales en todos los sentidos), il capo dei capi moverá cielo y tierra para que se cumpla tu deseo.
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Esto nos ha pasado dos veces recientemente, y estamos 3 personas (de las de A y B) con la mosca tras la oreja. Y nos preguntamos si no será mejor dejar de dar lo mejor de nosotros cada día, de mejorar las cosas, de tratar bien a los clientes, de preocuparnos porque EF vaya lo mejor posible y que el ambiente que se respire sea agradable. O exigir una mejora global.
No sé porqué he tardado tanto en tener esta reflexión.
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Historias aparte, las clases de italiano están bastante bien (para lo que hay en España), estoy muy motivada y me encantan los debates por lo que cada vez que salen (los últimos sobre el sexismo en el lenguaje y las lenguas "minoritarias" en este nuestro país) trato de encenderlos a todos (marujos y marujas con opiniones personales parecidas a las de SM Reina o Esperanza Aguirre), y vaya si les enciendo, les digo que se abran, que su gran error es no verse la pedazo de viga en el ojo que tienen, que las opiniones diversas y la apertura mental te enriquecen. Lo único que estoy consiguiendo, por el momento, es que me griten los alumnos y el profesor me diga "voy a ir a por ti". Pero como en el italiano estoy de vuelta y todo me resbala al 100% , he decidido pasarmelo bien, dar mis opiniones, quejarme cuando lo crea conveniente y ser, aunque sólo sean 5 horas a la semana, como Rino Gaetano.
Acabo de ver la miniserie de la Rai sobre él, me encanta, me encantaba y me encantará.










En 1978 Rino Gaetano había conseguido hacerse un nombre en el -como siempre-desolado paisaje musical italiano, con una base de cantautor-poeta-protesta y un toque de absurdo y originalidad.

A su pesar fue seleccionado para San Remo con una canción que no le representaba, una canción tonta como cualquiera de nosotros podría escribir en cualquier momento.

Podía haber dicho que pasaba tres pueblos de ir, al lugar della mercificazione della cultura, al lugar donde los más encontraban la horma de su zapato y los menos no tenían cabida, fuera del circuito de salas de Roma, cada vez más pequeño y falto de recursos.

Pero fue, y a lo grande. Decidió burlarse de todo y de todos, con su canción que no significaba nada. Se vistió como un payaso dispuesto a reirse en su cara.

El vídeo de ese momento es el que he puesto. Yo no había nacido pero me siento orgullosa de Rino Gaetano. Un tipo al que no conocía ni de oídas, ni siquiera mientras vivía en Roma (vivía a un paso de donde vivía él-y aún vive su familia-, estudiaba a un paso de donde está enterrado, cogía el autobús todos los días en el mismo cruce en el que se mató).

Nada más volver de Roma comencé a encontrarme cosas de él en la red. Hace ya un año y medio que me acompañan sus canciones.